DOLOR SIN DAÑO

Lo que duele no siempre está roto (y lo que está roto a veces no duele).

Te voy a contar algo que a mucha gente le cambia la forma de ver su cuerpo.

Algo que, si lo entiendes, puede quitarte más miedo que diez sesiones de camilla.

El dolor no siempre significa daño.

Y no, no es una frase bonita para que te animes.

Es ciencia.

Desde hace años, la investigación en neurociencia del dolor (Moseley, Butler, Melzack, Wall… nombres que quizá no te digan nada, pero que han cambiado todo) nos muestra que el dolor no es una señal directa del cuerpo, sino una respuesta del cerebro.

Tu cerebro decide si algo duele o no.

Y lo hace en base a lo que interpreta, no solo a lo que pasa físicamente.

Si el cerebro cree que algo es peligroso, manda dolor, aunque no haya daño real.

Y si cree que estás a salvo, puede no doler, incluso cuando sí hay lesión.

Piénsalo así:

El dolor no es un detector de daño, es un detector de peligro.

Ejemplo real

Seguro que alguna vez te has cortado y no lo has notado hasta ver la sangre.

No dolía. Hasta que lo viste.

Entonces el cerebro dijo: “Eh, cuidado, eso no me gusta.”

Y dolió.

Por otro lado, hay personas con graves lesiones en una resonancia… y no sienten dolor.

Y también las hay que tienen dolor crónico sin daño visible.

El dolor no miente, pero tampoco siempre acierta.

Es un sistema de alarma. Y a veces, se queda encendido de más.

¿Por qué pasa esto?

Porque el cerebro aprende.

Si has tenido dolor durante mucho tiempo, el sistema nervioso se vuelve más sensible.

Empieza a sonar la alarma por cosas que antes no la hacían sonar.

Eso se llama sensibilización central.

No significa que 100% estés roto, ni que tengas una lesión nueva.

Significa que tu cerebro y tu cuerpo se han vuelto protectores.

Demasiado protectores.

La buena noticia es que, igual que se aprende el miedo, se puede desaprender.

Con movimiento, con información, con confianza.

No con miedo.

Lo que deberías recordar

Cuando algo duele, no asumas automáticamente que hay daño.

Escucha, sí.

Pero no te asustes.

El dolor es un aviso, no una sentencia.

Y cuanto más entiendes esto, menos poder tiene el miedo sobre ti.

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Si quieres profundizar y aprender más sobre el dolor desde la evidencia, te recomiendo estas fuentes:

Consultar estas fuentes te permite aprender por tu cuenta y distinguir información basada en evidencia de los mitos que circulan por internet.

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